Ya hace unos días que ha empezado el curso. Han llegado los primeros trabajos, las nuevas responsabilidades y las cosas que todavía no sabes hacer. Quizás pensabas que sería más fácil, pero ahora miras todo lo que tienes por delante y te parece demasiado.
“¿Y si no lo consigo?”
“¿Y si no llego a todo?”
“¿Y si es demasiado difícil para mí?”
Estas preguntas pueden aparecer cuando empiezas un curso, un trabajo o cualquier etapa que implique nuevos retos. A veces, las dificultades no solo nos preocupan, sino que nos hacen empezar a dudar de nosotros mismos.
Cuando una dificultad se convierte en una duda sobre ti
Hay una diferencia importante entre pensar “esto me cuesta” y pensar “no soy capaz de hacerlo”. La primera frase describe una dificultad concreta. La segunda es una conclusión sobre ti y tus capacidades.
Cuando te encuentras ante una situación nueva, es normal que haya cosas que todavía no domines. Necesitar tiempo para aprender, equivocarte o pedir explicaciones no significa que no seas capaz.
Que algo te cueste no significa que no puedas aprender a hacerlo.

Cuando la autoexigencia hace que todo parezca aún más difícil
A veces, no es solo la cantidad de cosas que tienes que hacer lo que te genera malestar, sino la manera en que te exiges afrontarlas.
Quieres entenderlo todo enseguida, hacerlo bien a la primera, no equivocarte y llegar a todas las responsabilidades. Y cuando no lo consigues, puedes interpretarlo como un fracaso.
No tienes que saber hacerlo todo desde el primer día. Aprender también implica tener dudas, cometer errores y necesitar ayuda.
¿Y si realmente son demasiadas cosas?
No siempre se trata de un miedo exagerado. A veces, las responsabilidades se acumulan y la carga es realmente superior al tiempo o a los recursos de los que dispones.
En estos casos, no basta con decirte que tienes que confiar más en ti. Quizás necesitas reorganizarte, reducir algunas exigencias, descansar o pedir ayuda.
No poder llegar a todo no significa que no seas capaz. También puede significar que estás asumiendo demasiadas cosas.
¿Qué puedes hacer cuando sientes que no podrás con todo?
- Identifica qué te preocupa concretamente. No es lo mismo tener una tarea difícil que pensar que todo el curso será imposible.
- Divide las tareas grandes en pasos más pequeños y empieza por uno concreto.
- Revisa tus expectativas. No todo tiene que salir perfecto ni tienes que dominarlo todo inmediatamente.
- Prioriza. Diferencia qué es urgente, qué puede esperar y qué puedes dejar de hacer.
- Pide ayuda cuando la necesites. No tienes que resolver todas las dificultades sin apoyo.
- Respeta tus momentos de descanso. Descansar también forma parte de poder afrontar las responsabilidades.
No tienes que resolver todo el curso hoy
Cuando miras todas las cosas que tienes pendientes, es fácil sentirte desbordado/a. Pero no necesitas tener hoy todas las respuestas ni saber exactamente cómo afrontarás cada una de las dificultades que vendrán.
Puedes empezar por lo que tienes delante, darte tiempo para aprender e ir ajustando tus expectativas a medida que avanzas.
Que ahora te parezca difícil no significa que siempre lo será. Y si necesitas ayuda o tienes que reducir la carga, también está bien.
Referencias
- Lazarus, R. S., & Folkman, S. (1984). Stress, appraisal, and coping. Springer.
- Egan, S. J., Wade, T. D., & Shafran, R. (2011). Perfectionism as a transdiagnostic process: A clinical review. Clinical Psychology Review, 31(2), 203–212.
- Neff, K. D. (2003). Self-compassion: An alternative conceptualization of a healthy attitude toward oneself. Self and Identity, 2(2), 85–101.
Si el miedo a no poder con todo te está generando malestar, hablar de ello puede ayudarte.
Podemos trabajar las preocupaciones, la autoexigencia y la manera de afrontar las dificultades, respetando también tus límites y necesidades. La primera conversación es gratuita y sin compromiso.
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