Hay momentos en los que la mente parece no parar. Quizás das muchas vueltas a las cosas, anticipas lo que podría ocurrir, te cuesta desconectar o notas que el cuerpo se mantiene en tensión incluso cuando aparentemente no hay ningún peligro.
La ansiedad puede aparecer de muchas maneras y no siempre es fácil identificarla. A veces se presenta como una preocupación constante; otras, como irritabilidad, bloqueo, dificultad para dormir, tensión física, necesidad de controlarlo todo o sensación de estar siempre en alerta.
Cuando la ansiedad empieza a ocupar demasiado espacio
Sentir ansiedad en determinados momentos es una respuesta humana. El problema aparece cuando esta respuesta se mantiene en el tiempo, se vuelve muy intensa o empieza a limitar el día a día.
Puede que te cueste concentrarte, descansar, tomar decisiones o disfrutar de cosas que antes vivías con más tranquilidad. También puede ocurrir que intentes evitar determinadas situaciones, que necesites tenerlo todo bajo control o que sientas que cualquier pequeño problema se hace muy grande.
No es necesario esperar a que el malestar sea insostenible para pedir ayuda. La terapia también puede ser un espacio para comprender qué está manteniendo esta tensión y empezar a relacionarte de otra manera con lo que piensas, sientes y haces.
Cómo podemos trabajarlo en terapia
El proceso terapéutico no consiste simplemente en intentar eliminar la ansiedad. Primero tratamos de comprender qué está ocurriendo, en qué momentos aparece, qué la intensifica y qué estrategias has ido desarrollando para afrontarla.
A partir de ahí podemos trabajar para reconocer las señales del cuerpo, comprender mejor los pensamientos que alimentan la preocupación, reducir la evitación y encontrar recursos que te ayuden a recuperar una mayor sensación de seguridad y capacidad de decisión.
El trabajo se adapta a cada persona y al momento que está viviendo, respetando su ritmo y sus necesidades.
Ansiedad, estrés y preocupación constante
Aunque a menudo utilizamos estas palabras como si fueran lo mismo, no siempre lo son. El estrés suele estar más relacionado con una situación o una demanda concreta, mientras que la ansiedad puede mantenerse incluso cuando no existe una amenaza inmediata.
En ambos casos, cuando el cuerpo y la mente pasan demasiado tiempo en alerta, pueden aparecer cansancio, tensión muscular, dificultad para dormir, sensación de saturación o la impresión de que nunca consigues parar del todo.
Cuando el miedo lleva a evitar situaciones
En algunos casos, la ansiedad está muy vinculada a un miedo concreto. Evitar aquello que da miedo puede proporcionar alivio a corto plazo, pero también puede hacer que el miedo se mantenga o vaya ocupando cada vez más espacio.
Si lo que te está ocurriendo está especialmente relacionado con un miedo intenso o con una situación que evitas, también puedes consultar el área de miedos y fobias.
Modalidades y zonas de atención
Puedo acompañarte mediante sesiones online, a domicilio o caminando, según la zona y las necesidades de cada persona.
Si quieres saber dónde ofrezco atención psicológica presencial, a domicilio o caminando, puedes consultar las zonas de atención.
Si la ansiedad está ocupando demasiado espacio, podemos hablarlo con calma.
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