A veces cuesta mucho reconocer que necesitas ayuda.

Quizá hace días que no te sientes bien, que das vueltas a las mismas cosas o que intentas sostenerlo todo como puedes.

I, tot i així, quan penses a explicar-ho o a demanar suport, apareix una part de tu que diu:

“No quiero molestar.”
“Debería poder con esto.”
“Tampoco es para tanto.”
“Hay gente que está peor.”

Pedir ayuda puede parecer sencillo desde fuera, pero cuando eres tú quien la necesita, no siempre lo es.

No siempre es orgullo

A veces pensamos que si nos cuesta pedir ayuda es porque somos demasiado orgullosos o porque queremos hacerlo todo solos.

Pero muchas veces no es eso.

Puede que hayas aprendido a no cargar a los demás con lo que te pasa. Puede que te hayas acostumbrado a aguantar. Puede que te dé miedo preocupar a alguien, decepcionarlo o sentirte vulnerable.

Que te cueste pedir ayuda no significa que no la necesites.

Solo significa que, por algún motivo, mostrar esa necesidad te resulta difícil.

Dos personas sentadas conversando con calma en un espacio tranquilo

La idea de que deberías poder tú solo/a

Una de las creencias que más pesa es pensar que tener que pedir ayuda significa que no eres lo suficientemente fuerte.

Como si sentirse mal fuera una falta de capacidad. Como si necesitar apoyo fuera una prueba de que no lo estás haciendo bien.

Pero no es así.

Todos tenemos momentos en los que nos faltan recursos, perspectiva o energía para sostener lo que estamos viviendo.

Y eso no te hace menos capaz. Te hace humano/a.

Cuando minimizas lo que te pasa

También puede ocurrir que te compares con otras personas y pienses que tu malestar no es lo suficientemente importante.

«No estoy tan mal.»
«A otras personas les pasan cosas peores.»
«Quizá estoy exagerando.»

Pero el hecho de que otras personas también sufran no invalida lo que tú sientes.

No hace falta llegar al límite para que tu malestar sea importante.

No hace falta estar en una crisis para tener derecho a ser escuchado/a.

Pedir ayuda también puede dar miedo

Pedir ayuda implica abrir una puerta.

Contar algo que quizá has guardado durante mucho tiempo. Reconocer que ya no puedes más. Permitir que alguien vea una parte más vulnerable de ti.

Y eso puede dar miedo.

Pueden aparecer la vergüenza, la incomodidad o la sensación de no saber ni por dónde empezar.

Pero no hace falta tenerlo todo ordenado antes de hablar de ello.

A veces el primer paso es tan simple como decir: «No sé exactamente qué me pasa, pero no estoy bien.»

Dejarte acompañar no es rendirte

Pedir ayuda no significa que renuncies a tu autonomía.

No significa que otra persona tenga que decidir por ti ni resolverte la vida.

Significa que no tienes que hacer todo el proceso en soledad.

A veces, otra mirada puede ayudarte a comprender mejor lo que te pasa, poner palabras a tu malestar o encontrar formas más amables de afrontar una situación.

Dejarte acompañar también puede ser una forma de cuidarte.

Cómo empezar a pedir ayuda

Si te cuesta mucho, no hace falta dar un gran paso de golpe.

Puedes empezar con algo pequeño:

  • Escribir lo que te pasa antes de explicarlo.
  • Hablar con alguien de confianza, aunque sea solo una parte.
  • Decir que no estás bien sin tener que justificarlo todo.
  • Pedir un momento para hablar con calma.
  • Buscar apoyo profesional si sientes que llevas demasiado tiempo sosteniéndolo tú solo/a.

No tienes que saber explicarlo perfectamente.

No tienes que tener una respuesta clara.

Y no tienes que esperar a tocar fondo para permitirte recibir ayuda.

No hace falta que puedas con todo

Durante mucho tiempo quizá has intentado seguir adelante, aguantar y hacer como si pudieras con todo.

Puede que eso te haya ayudado en algunos momentos.

Pero también puede llegar a agotarte.

No hace falta que puedas con todo para demostrar que eres fuerte.

A veces la fortaleza también consiste en reconocer que necesitas apoyo.

Y permitir que alguien te acompañe mientras vuelves a encontrar un poco más de calma.

Si sientes que hace tiempo que intentas llevarlo tú solo/a y cada vez pesa más, quizá pedir ayuda no sea un fracaso.

Quizá sea el primer paso para empezar a cuidarte de otra manera.

Referències

  • Brown, B. (2012). Daring Greatly. Gotham Books.
  • Gilbert, P. (2010). The Compassionate Mind. Constable.

Si te cuesta pedir ayuda porque te dices que deberías poder con todo, este artículo también puede ayudarte:

Cuando te dices que no haces nada bien

Si hace tiempo que estás sosteniéndolo tú solo/a, no hace falta que esperes a tocar fondo.

Podemos explorar con calma qué es lo que te está pesando y encontrar una forma de empezar a cuidarte con más apoyo. La primera conversación es gratuita y sin compromiso.

Reserva una llamada de 15 minutos