“Nunca me sale nada bien.”
“Todo lo hago mal.”
Son frases que muchas personas se dicen en algún momento. A veces aparecen después de un error, de un día complicado o simplemente cuando estás más cansado/a.
El problema no es que aparezcan, sino lo fácil que es creérselas.
La voz crítica interna
Todos tenemos una voz interna que comenta lo que hacemos, lo que pensamos o lo que sentimos.
En algunos momentos puede ser útil, porque nos ayuda a revisar o mejorar. Pero en otros, se vuelve mucho más dura y exigente.
No es una voz neutra. A menudo exagera, simplifica y se queda solo con lo negativo.
Pasa de un error concreto a una conclusión global: “lo hago todo mal”.
Por qué suena tan convincente
Este tipo de pensamientos suelen aparecer en momentos de vulnerabilidad: cansancio, inseguridad, tristeza o presión.
Cuando estás así, es más fácil darlos por buenos sin cuestionarlos.
Además, el cerebro tiende a fijarse más en lo negativo que en lo que ha ido bien. Esto hace que estas frases parezcan más reales de lo que son.
Qué efecto tienen
Repetirte este tipo de mensajes tiene consecuencias:
- Baja la autoestima
- Aumenta la duda y la inseguridad
- Dificulta la toma de decisiones
- Puede bloquearte o hacer que evites situaciones
No es solo lo que te dices, sino cómo eso afecta a la manera en la que te relacionas contigo mismo/a.
No todo lo que te dices es verdad
Un paso importante es empezar a ver estos pensamientos como lo que son: interpretaciones, no hechos.
No todo lo que pasa por tu cabeza describe la realidad.
Cuando te descubras pensando “lo hago todo mal”, puedes preguntarte:
- ¿Es realmente todo?
- ¿Hay algo que sí ha ido bien?
- ¿Estoy generalizando a partir de un momento concreto?
No se trata de obligarte a pensar en positivo, sino de ser un poco más ajustado/a contigo mismo/a.
Cambiar el tono también es importante
A veces no es solo el contenido del pensamiento, sino el tono con el que te hablas.
No es lo mismo decirte “lo he hecho mal” que decirte “siempre lo hago mal”.
Y tampoco es lo mismo hablarte con dureza que hacerlo con un poco más de comprensión.
Cómo te hablas también influye en cómo te sientes.
Relacionarte de otra manera
No se trata de eliminar estos pensamientos. Probablemente seguirán apareciendo en algunos momentos.
Lo que puede cambiar es cómo te relacionas con ellos.
Puedes escucharlos sin darles toda la razón, ponerlos en contexto y no dejar que definan quién eres.
No todo lo que te dices es quién eres.
Referencias
- Beck, A. T. (1976). Cognitive Therapy and the Emotional Disorders. International Universities Press.
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