¿Has preparado algo con mucha ilusión y no ha salido como esperabas? ¿Has dedicado tiempo y esfuerzo a un objetivo y no has conseguido el resultado que querías? ¿O quizás te has enfadado porque una situación no dependía de ti y no podías cambiarla?

Todos hemos vivido situaciones así. Cuando la realidad no coincide con lo que deseamos o esperamos, puede aparecer la frustración. Una emoción desagradable, pero completamente normal.

¿Qué es la frustración?

La frustración aparece cuando encontramos obstáculos que nos impiden conseguir algo que queremos o necesitamos. Puede ir acompañada de rabia, tristeza, decepción o impotencia.

No es una emoción negativa en sí misma. Nos indica que algo importante para nosotros no está ocurriendo como querríamos. Lo que puede generar dificultades es la manera en que reaccionamos ante esta emoción.

Persona reflexionando después de que una situación no haya salido como esperaba

¿Por qué a veces nos cuesta tanto aceptarla?

Nos gusta sentir que tenemos cierto control sobre las cosas. Cuando algo no sale como habíamos previsto, podemos sentir que hemos perdido ese control.

Además, las expectativas también influyen. Si pensamos que todo debería salir bien, que los demás deberían actuar como esperamos o que esforzarnos siempre debería garantizar un resultado, es más probable que nos frustremos cuando la realidad es diferente.

Podemos esforzarnos mucho para conseguir algo y, aun así, no obtener el resultado que esperábamos.

Aprendemos a tolerar la frustración desde pequeños

La capacidad para gestionar la frustración se desarrolla progresivamente a lo largo de la vida. Durante la infancia, los niños necesitan el acompañamiento de los adultos para aprender a esperar, aceptar límites y afrontar situaciones que no salen como querrían.

Acompañar a un niño no significa evitarle todas las decepciones. Significa ayudarle a reconocer lo que siente, poner palabras a sus emociones y descubrir que puede afrontar situaciones desagradables sin que los adultos tengan que solucionarlas siempre.

Y este aprendizaje continúa durante la adolescencia y la edad adulta. Todos podemos seguir desarrollando recursos para gestionar mejor la frustración.

¿Cómo podemos aprender a gestionarla?

  • Reconoce lo que sientes. Estar frustrado, enfadado o decepcionado es una reacción comprensible cuando algo no sale como esperabas.
  • Date tiempo antes de reaccionar. No siempre podemos evitar sentir rabia, pero sí podemos aprender a decidir qué hacemos con esta emoción.
  • Revisa tus expectativas. Pregúntate si lo que esperabas era realista y si dependía completamente de ti.
  • Diferencia qué puedes cambiar y qué no. Dedica tus esfuerzos a aquello sobre lo que tienes capacidad de actuar.
  • Busca alternativas. Que algo no haya salido como querías no significa necesariamente que no haya otros caminos.
  • Trátate con comprensión. Equivocarte o no conseguir un objetivo no define tu valor personal.

Aceptar la frustración no significa resignarse

Aprender a tolerar la frustración no significa dejar de luchar por lo que queremos ni conformarnos con cualquier situación. Significa reconocer que no siempre podemos controlar los resultados y que, a veces, necesitaremos cambiar de estrategia, ajustar las expectativas o aceptar lo que no podemos modificar.

No siempre conseguiremos lo que queremos, cuando lo queremos. Aprender a gestionar esta frustración también forma parte de crecer.

Referencias

  • Gross, J. J. (1998). The emerging field of emotion regulation: An integrative review. Review of General Psychology, 2(3), 271–299.
  • Eisenberg, N., Spinrad, T. L., & Eggum, N. D. (2010). Emotion-related self-regulation and its relation to children's maladjustment. Annual Review of Clinical Psychology, 6, 495–525.

Si te cuesta aceptar que las cosas no salgan como esperabas y tiendes a exigirte demasiado, también puede interesarte:

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Aprender a gestionar la frustración también es cuidar tu bienestar emocional.

Si la frustración te genera mucho malestar o te cuesta gestionar tus reacciones ante las dificultades, podemos trabajar recursos para afrontar estas situaciones. La primera conversación es gratuita y sin compromiso.

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