Te decides a hacer el cambio.
Seguramente llegar hasta aquí no ha sido fácil. Lo has pensado mucho, has valorado opciones, has sentido dudas… pero en algún momento has tomado una decisión.
Y aun así, al poco tiempo, aparecen pensamientos que te hacen dudar.
“¿Y si me equivoco?”
“¿Y si no era tan grave?”
“¿Y si los demás no lo entienden?”
“¿Y si se enfadan conmigo?”
“¿Y si hago daño a alguien?”
Qué hacen estos pensamientos
Estos pensamientos no aparecen porque sí. Muchas veces tienen una función: intentar protegerte.
Por ejemplo:
- Intentan anticipar problemas, aunque no los resuelvan
- Te preparan para la peor situación, aunque quizá nunca ocurra
- Te hacen sentir que, si te preocupas mucho, eres más responsable o mejor persona
El problema es que, aunque parezcan útiles, suelen generar más malestar que ayuda.
Qué efectos tienen
- Ansiedad y nerviosismo
- Problemas de concentración
- Dificultades para dormir o despertarte demasiado pronto
- Tensión muscular
- Irritabilidad o más facilidad para enfadarte
A largo plazo, te mantienen en un estado de duda constante.
¿Por qué la mente insiste tanto?
Si estos pensamientos vuelven una y otra vez, no es casualidad.
Muchas veces, sin darnos cuenta, hemos aprendido que preocuparnos sirve para algo.
Estas ideas pueden parecer útiles… pero a menudo tienen un coste alto.
Te mantienen enganchado/a a la duda y hacen más difícil sostener el cambio que has decidido.
Lo que hacen realmente las preocupaciones
Las preocupaciones no suelen aparecer como imágenes claras de lo que puede pasar, sino como pensamientos repetitivos y poco concretos.
Y esto tiene un efecto importante: te mantiene en alerta, pero sin llegar a afrontar aquello que te da miedo.
Es como dar vueltas sin llegar a ninguna parte.
A corto plazo puede parecer que te calma un poco… pero a largo plazo hace que la sensación de incertidumbre y falta de control se mantenga.
Además, cuando aquello que temías finalmente no ocurre (que es lo más habitual), el cerebro interpreta que preocuparse “ha funcionado”.
Y así se refuerza el círculo.
No porque la preocupación haya evitado nada, sino porque el miedo ya no está.
Qué puedes hacer cuando aparece la voz machacona
No se trata de hacerla desaparecer, sino de relacionarte con ella de otra manera.
Algunas cosas que pueden ayudar:
- Identificar qué te estás diciendo: poner nombre al pensamiento
- Revisar si te sirve: ¿este pensamiento me ayuda o solo me angustia?
- Diferenciar si es un miedo real o anticipado: ¿esto realmente puede llegar a pasar?
- Volver a la acción: dar un pequeño paso concreto, aunque sea imperfecto
No hace falta tenerlo todo claro para avanzar.
A veces, moverte un poco ayuda más que seguir pensando.
Mantenerte también forma parte del proceso
Tomar una decisión es un paso importante, pero sostenerla en el tiempo también lo es.
Habrá momentos de duda, de retroceso o de cuestionamiento. Y no pasa nada.
Forman parte del proceso de cambio.
No siempre es fácil avanzar, pero quedarte donde ya sabes que no quieres estar tampoco lo es.
Permitirte continuar, aunque no lo tengas todo claro, también es una forma de cuidarte.
Referencias
- Borkovec, T. D., Alcaine, O., & Behar, E. (2004). Avoidance theory of worry and generalized anxiety disorder. In R. G. Heimberg, C. L. Turk & D. S. Mennin (Eds.), Generalized anxiety disorder: Advances in research and practice. Guilford Press.
- Beck, A. T. (1976). Cognitive therapy and the emotional disorders. International Universities Press.
Si estás en este punto, con dudas y pensamientos que te hacen cuestionarlo todo, no tienes que gestionarlo solo/a.
Podemos verlo con calma y entender qué hay detrás de estos pensamientos. La primera conversación es gratuita y sin compromiso.
Reserva una llamada de 15 minutos