Hay momentos en los que sabes que algo debería cambiar, pero no terminas de dar el paso.
Puede ser una situación que te desgasta, una relación, un trabajo, una forma de vivir que ya no te conviene...
Lo notas en el cuerpo, en lo que piensas, incluso tienes claro que así no quieres seguir. Pero, aun así, te quedas donde estás.
Si te sientes identificado/a, no eres la única persona a la que le pasa.
No es falta de voluntad
Desde fuera, a veces parece fácil: si algo te daña, cámbialo.
Pero cuando eres tú quien lo vive, no siempre es tan sencillo.
Muchas veces lo que hay detrás es miedo. Miedo a lo desconocido, miedo a equivocarte, miedo a perder una estabilidad que, aunque no te haga bien, te resulta familiar.
El cerebro tiende a buscar seguridad, y a menudo prefiere quedarse en lo conocido antes que dar un paso hacia una situación incierta. Por eso, incluso cuando racionalmente sabes que necesitas un cambio, emocionalmente puede costar mucho sostenerlo.
Quedarse también tiene un coste
Cuando una parte de ti quiere avanzar, pero otra te frena, es habitual entrar en un estado de bloqueo.
Piensas mucho, das vueltas, intentas decidir… pero no acabas de moverte.
Y este bloqueo puede generar:
- Cansancio mental
- Frustración
- Ansiedad
- Dudas constantes
- Sensación de estar estancado/a
Por qué da tanto miedo cambiar
Un cambio, además de dejar atrás una situación, también puede remover muchas cosas internas:
- El miedo a arrepentirte
- El miedo a decepcionar a los demás
- El miedo a lo que pensarán
- El miedo a la incertidumbre
Cómo empezar a moverte
No se trata de dar un gran paso de golpe ni de tenerlo todo claro antes de empezar.
Puedes empezar por pequeños movimientos:
- Poner nombre a lo que te pasa
- Preguntarte qué es exactamente lo que te frena
- Diferenciar entre miedo real y miedo anticipado
- Dar un pequeño paso que te dé más información, en lugar de esperar a tenerlo todo resuelto
Cambiar también se puede acompañar
No siempre es fácil pasar por estos momentos en soledad.
A veces es necesario un espacio para ordenar lo que sientes, entender qué te bloquea y poder tomar decisiones con más claridad y menos exigencia.
Cambiar da miedo, sí. Pero quedarse donde estás, cuando algo dentro de ti te dice que ya no puedes más, también.
Si te encuentras en este punto, no tienes que hacerlo solo/a.
Puedes escribirme o contactar conmigo y lo valoramos con calma.
Contactar →Referencias
- Tversky, A., & Kahneman, D. (1991). Loss aversion in riskless choice: A reference-dependent model. The Quarterly Journal of Economics. https://doi.org/10.2307/2937956