“¿Por qué no me has contestado?”, “¿Con quién estabas?”, “Envíame una foto”, “¿Por qué has quedado con esta persona?”

Algunas conductas de control pueden empezar presentándose como una muestra de preocupación, interés o amor.

Puede parecer que la otra persona simplemente quiere saber si estás bien, que te echa de menos o que te pregunta porque le importas.

Pero cuando estas preguntas se convierten en exigencias, discusiones, vigilancia o miedo ante la reacción de la pareja, es importante detenerse y observar qué está ocurriendo.

Controlar no es cuidar.

Cuando preocuparse no es cuidar

En una relación es normal interesarse por la otra persona. Preguntar cómo está, preocuparse si ha tenido un problema o querer compartir cosas forma parte de muchos vínculos afectivos.

El problema aparece cuando esa preocupación deja de respetar el espacio de la otra persona.

Por ejemplo, cuando la pareja necesita saber constantemente dónde estás, con quién estás o qué estás haciendo; cuando se enfada si tardas en contestar; o cuando interpreta que no responder de inmediato significa que no la quieres lo suficiente.

Una relación sana puede tener interés y proximidad sin necesidad de vigilancia.

¿Qué entendemos por una relación tóxica?

El término “relación tóxica” se utiliza mucho y, a veces, puede llevar a considerar problemático cualquier conflicto de pareja.

Todas las relaciones pueden tener discusiones, momentos de celos, desacuerdos o errores. Una discusión puntual o una mala reacción no definen necesariamente toda una relación.

Lo que debería preocuparnos es la existencia de patrones repetidos de control, manipulación, desprecio, miedo o pérdida progresiva de autonomía.

Es decir, cuando determinadas conductas se van repitiendo y hacen que una persona empiece a sentirse más pequeña, más insegura o menos libre dentro de la relación.

Persona reflexionando sobre una relación de pareja y la necesidad de poner límites

Señales de alarma de una relación tóxica

No existe una única conducta que permita definir automáticamente una relación como tóxica. Lo más importante es observar el conjunto de la relación, la frecuencia de las conductas y cómo te hacen sentir.

Algunas señales de alarma pueden ser:

  • necesita saber constantemente dónde estás o qué estás haciendo;
  • se enfada si no respondes inmediatamente a los mensajes o las llamadas;
  • controla o quiere controlar tu móvil, las redes sociales o la ubicación;
  • cuestiona constantemente con quién quedas;
  • intenta alejarte de determinadas amistades o de la familia;
  • te hace sentir culpable por hacer cosas sin él o ella;
  • justifica los celos como una demostración de amor;
  • acabas modificando lo que haces para evitar que se enfade;
  • te responsabiliza de sus reacciones;
  • te ridiculiza, te desprecia o te hace sentir inferior;
  • sientes que tienes que ir constantemente “con pies de plomo”.

Uno de los indicadores más importantes es cuando empiezas a adaptar tu conducta no porque quieras, sino porque tienes miedo de la reacción de la otra persona.

La pregunta no es solo “¿qué hace mi pareja?”

Cuando intentamos valorar una relación, es habitual centrarnos en el comportamiento de la otra persona. Pero también puede ser muy revelador observar qué te está pasando a ti dentro de esa relación.

Puedes preguntarte:

  • ¿He dejado de hacer cosas que antes me gustaban?
  • ¿Me cuesta decir que no?
  • ¿Miro el móvil con miedo cuando veo su nombre?
  • ¿Me justifico constantemente?
  • ¿Siento que necesito permiso para hacer determinadas cosas?
  • ¿He ido reduciendo el contacto con amistades o familia?
  • ¿Evito explicarle algunas cosas porque tengo miedo de que se enfade?
  • ¿Me siento menos libre que antes de entrar en esta relación?

A veces es difícil identificar una conducta concreta como problemática. Pero observar cómo ha cambiado tu manera de vivir, decidir o relacionarte puede aportar mucha información.

“Lo hace porque me quiere”

Algunas formas de control pueden confundirse con amor porque culturalmente hemos aprendido a asociar los celos, la posesividad o la necesidad constante de contacto con la intensidad emocional.

“Si tiene celos es porque le importo.”
“Solo quiere protegerme.”
“Se enfada porque me quiere mucho.”

Pero querer a una persona no implica tener derecho a controlarla.

El amor no necesita vigilancia para existir.

Poder estar en pareja y, al mismo tiempo, conservar espacios propios no es una falta de amor. Es una parte saludable de una relación entre dos personas adultas y autónomas.

El mito del amor romántico

Durante años, cuentos, películas, canciones e historias románticas nos han transmitido determinadas ideas sobre qué significa amar.

La idea de encontrar “la media naranja”, que el amor todo lo puede, que hay que sacrificarse por la persona amada o que el amor de una mujer puede transformar a un hombre problemático aparece repetidamente en la cultura popular.

También muchos cuentos y películas que hemos visto desde pequeños nos presentaban el amor como el final feliz de la historia: encontrar al príncipe azul, enamorarse y mantener ese amor a pesar de las dificultades.

Estas historias no son la causa de las relaciones abusivas, pero pueden contribuir a normalizar determinadas creencias sobre el amor.

Querer a alguien no significa tener que aguantarlo todo.

Una relación sana no necesita ningún “príncipe azul”. Necesita respeto, confianza, reciprocidad, comunicación y libertad para poder seguir siendo uno mismo dentro de la relación.

¿Por qué cuesta tanto darse cuenta?

Muchas personas se preguntan cómo han podido llegar a tolerar determinadas situaciones que, vistas desde fuera o con perspectiva, parecen claramente problemáticas.

La realidad es que estas dinámicas no siempre aparecen todas de golpe. Pueden empezar con pequeñas demandas, comentarios o concesiones que parecen poco importantes.

Quizá primero sea una pregunta. Después, una discusión. Más adelante, dejar de hacer algo para evitar un conflicto.

Además, las conductas problemáticas pueden alternarse con momentos muy buenos, afecto, disculpas, promesas o periodos en los que parece que todo vuelve a funcionar.

Esto puede hacer que sea difícil entender qué está ocurriendo y mantener una perspectiva clara. Con el tiempo, la persona puede haber ido cediendo mucho más espacio del que inicialmente habría aceptado.

Que una situación se haya ido normalizando no significa que sea saludable.

¿Cómo es una relación saludable?

Una relación sana no significa una relación sin conflictos. Significa poder afrontar los desacuerdos manteniendo el respeto y la libertad de ambas personas.

En una relación saludable:

  • puedo tener pareja y seguir teniendo vida propia;
  • puedo decir que no;
  • puedo quedar con otras personas;
  • no tengo que contestar inmediatamente a todos los mensajes;
  • puedo discrepar de mi pareja;
  • puedo expresar lo que pienso sin miedo;
  • puedo poner límites;
  • puedo conservar mis amistades, actividades e intereses;
  • no necesito justificar constantemente lo que hago;
  • no tengo miedo de la reacción de la otra persona.

Querer no debería significar renunciar progresivamente a tu autonomía.

¿Qué puedo hacer si me reconozco en estas situaciones?

Si mientras leías este artículo te has reconocido en varias situaciones, no es necesario tomar todas las decisiones de inmediato. El primer paso puede ser simplemente empezar a observar lo que está ocurriendo con más perspectiva.

Puede ayudar:

  • hablar con alguien de confianza;
  • explicar situaciones concretas y escuchar cómo las ve una persona externa;
  • observar si determinadas conductas se repiten;
  • preguntarte qué cosas has dejado de hacer para evitar conflictos;
  • recuperar, progresivamente, espacios propios;
  • poner límites cuando sea seguro hacerlo;
  • buscar ayuda profesional si te cuesta entender o gestionar la situación.

Una mirada externa puede ayudarte especialmente cuando llevas mucho tiempo dentro de la misma dinámica y ya no tienes claro qué es normal y qué no.

Cuando ya no hablamos solo de una “relación tóxica”

El término “relación tóxica” puede ser útil para hablar de dinámicas relacionales poco saludables, pero también puede quedarse corto en algunas situaciones.

Si existen amenazas, intimidación, coerción, violencia física o sexual, miedo intenso, aislamiento, persecución o un control muy elevado, no estamos simplemente ante una relación que “no funciona bien”.

En estas situaciones, la prioridad es la seguridad. Es recomendable buscar apoyo de personas de confianza y servicios especializados, y evitar afrontar situaciones que puedan aumentar el riesgo sin disponer de una red de apoyo.

Un recordatorio importante

Una relación de pareja puede ser una parte muy importante de nuestra vida. Pero no debería convertirse en el espacio en el que dejamos progresivamente de ser nosotros mismos.

Poder querer a alguien y mantener la propia identidad, los intereses, las amistades, las decisiones y los límites es una parte esencial de una relación saludable.

Una relación sana no te pide que dejes de ser tú para poder seguir queriendo a la otra persona.

Referencias

  • World Health Organization. (2021). Violence against women prevalence estimates, 2018. World Health Organization.
  • Stark, E. (2007). Coercive control: How men entrap women in personal life. Oxford University Press.
  • Follingstad, D. R. (2007). Rethinking current approaches to psychological abuse: Conceptual and methodological issues. Aggression and Violent Behavior, 12(4), 439–458.

Si te cuesta poner límites o expresar lo que necesitas dentro de tus relaciones, también puede ayudarte este artículo:

¿Qué es la asertividad y cómo poner límites sin sentirte culpable?

Si una relación te genera confusión, culpa o malestar, hablar de ello puede ayudarte a recuperar perspectiva.

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